Lamentablemente el título de este post no es más que una expresión de deseo. Sucede que son tantas las investigaciones y los juicios sobre presuntos o comprobados delitos (de toda índole) cometidos por funcionarios públicos, incluídos políticos y militares de las más altas esferas (un ex presidente, varios ex ministros, un ministro en ejercicio, jefes de gobiernos municipales, autoridades impositivas, generales, etc. etc.) que se llevan a cabo últimamente, que quiero creer que la razón de tal efervescencia es que se declaró la guerra contra la corrupción.
O sea, quiero creer que no es que hoy en día la cúspide que dirige el país es más corrupta que antes, sino que siempre lo fue solo que ahora hay quienes están empeñados en detapar la olla, aunque el olor que emane de ella apeste.
La otra alternativa ante tan desolador panorama, la de suponer que estos casos son sólos granitos de arena en un mar de corrupciones no descubiertas aún, y que muy probablemente no se descubrirán nunca, que «saltan» porque ya son tantos que ellos mismos destapan la olla, es demasiado deprimente.
Ines Weller desdeisrael@gmail.com
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