Pinceladas y reflexiones sobre la vida cotidiana a orillas del Mediterráneo

sábado, 1 de julio de 2017

Retomando…

Tenía razón mi viejo, a quien nunca llamé así, cuando decía: no hay mal que por bien no venga (aunque ahora me entró la duda, me parece que su versión era: no hay bien que por mal no venga). Sea como sea, celebro con alegría que gracias a mi dificultad para desprenderme de trastos viejos con cara de tapas duras y hojas escritas, encontré la contraseña que me permitió retomar este espacio, algo más de tres años después del último post.

Sé que sería más sensato aggiornarme y escribir en Facebook o en alguna otra plataforma de las miles que habrán surgido en este tiempo. Pero, lamentablemente, si bien doy fe, sin falsa modestia, que la cordura es una de mis características, mi fuerte sigue siendo la timidez. Y a pesar de que cada vez más seguido me sorprendo a mí misma con algún lapsus de soltura, fruto del bienvenido giro desde la melancolía hacia el humor que dio mi vida durante este silencio, por el momento, sigo transitando por este mundo mayormente en puntas de pie… zigzagueando entre las ansias de pasar desapercibida y las ganas de que me lean… 

Escribir en Facebook sería algo así como subirme al escenario del Anfiteatro Caesarea, o del Gran Rex porteño (salvando las diferencias), en cambio, hacerlo en este rinconcito conocido es conservar la tradición y buenas costumbres, aproximándome de puntillas a la escena teatral alternativa.

Bueno, ya veremos (dijo un ciego y se llevó la pared por delante, también del susodicho, optimista empedernido que a veces la pifiaba al elegir sus muletillas). Por lo pronto, me despido hasta la próxima, feliz de haber dado este paso.

viernes, 26 de abril de 2013

Asertividad - Rutina de entrenamiento




Acabo de llegar del supermercado con una sonrisa triunfante que me apuro a registrar antes de que se disipe… Curiosamente, no tuve que pagar ni un centavo por ella, por el contrario, de alguna manera anestesió el gasto. Todo transcurrió en escasos minutos, los que demoró la cajera en registrar el precio de cada producto. Apenas hizo funcionar la cinta transportadora apareció de la nada la gerenta, decidida a convencerme de adquirir la tarjeta de crédito de la empresa, cabe suponer que promesa de comisión mediante.

La perorata empezó pianísimo… Tal vez el aparente perfil de mosquita muerta de la clienta de turno (su humilde servidora) la llevó a creer a la envalentonada mujer que no necesitaría esforzarse para que la susodicha pique el anzuelo. Pero, para su sorpresa, no pudo ahorrarse la enumeración de las inmensurables virtudes del augurioso rectangulito. En su ímpetu vocal, menos estúpida me dijo de todo. Que cómo no voy a probar, que cómo voy a desperdiciar la oportunidad única e irresistible, que cómo…

Claro, doña gerenta no tenía por qué saber que entre los mandamientos que me enseñó doña vida figura no codiciar plastiquitos de colores… Su tono fue tan in crescendo e ininterrumpido que el hombre que me seguía en la fila dijo, un instante antes de poner el pie en el cadalso: «esto es lo que se llama presión física moderada»…

Mi alegría es doble: Porque siempre viene bien sacarle lustre a doña asertividad y por haber logrado no zarandear a la obstinada empleada y gritarle ¡callate o te denuncio por maltrato! 

Ganas no me faltaron pero ganaron la partida las de acurrucarme bajo el parsimonioso manto sabático que entreteje por estos pagos el viernes al mediodía.

domingo, 29 de abril de 2012

¿Yapa o "paquete"?


Israel cumplió 64



No sé si porque Israel es un país relativamente joven o por esa relación tan especial que hay aquí entre las esferas macro y micro, pero lo cierto es que Yom Haatzmaut (el Día de la Independencia) trae consigo año tras año una yapa o un "paquete", según la mirada de cada uno. 

Después de la tradicional y emotiva revisión del pesado precio que se pagó por el tan ansiado y apreciado estatus de estado independiente, los Medios comienzan a desplazarse hacia el plano individual. Periodistas, pensadores, y celebridades de todos los campos se adueñan de todo rincón mediático disponible (y hay mucho espacio para rellenar en las numerosas ediciones especiales de diarios y programas) para compartir su recorrido personal, en el mejor de los casos o asediarnos a preguntas del estilo: ¿qué camino recorrimos? ¿estamos satisfechos del grado de independencia logrado? ¿qué necesitamos cambiar para llegar al nivel que aspiramos?

Consecuentemente, ya sea por decisión propia o por la inevitable incidencia del fin de semana (largo) bajo la lupa de la autonomía, hoy retomamos la rutina algo más conscientes de dónde y cómo estamos, y fundamentalmente, por qué estamos en el lugar en donde estamos y qué precio pagamos por él. Parece un trabalenguas pero ojalá fuera solo eso...

sábado, 21 de abril de 2012

Israel: singularidades y contradicciones

Una pausa colectiva para recordar






Israel es sin duda un país muy especial colmado de idiosincrasia. A simple vista pareciera difícil delinear un escalafón imaginario con sus numerosas peculiaridades y contradicciones… Sin embargo, en esta época del año salta a la vista que una de sus principales singularidades es esa manera tan especial que tiene de recordar…

Creo que alguien que alguna vez presenció cómo el tráfico en una calle transitada se detiene al sonar la sirena en el Día de Recordación del Holocausto (el miércoles pasado) o en el Día de Recordación de los Caídos en las Guerras de Israel (el martes que viene) difícilmente olvidará tal escena: la mayoría de los conductores bajan de sus vehículos y se paran a su lado con la cabeza gacha.

La sensación es como si de pronto una voz interior lograse embestir el ritmo acelerado que nos domina y se cristalizase en esta sirena. Pero en realidad no es solo el minuto de silencio. Varios días antes los Medios empiezan a traer uno y otro relato conmovedor que van "preparando el terreno" y "recordándonos" que llegó el momento de recordar… (Muchos, demasiados, no necesitan que se lo recuerden).

Hasta aquí, una característica distintiva. La difícil situación (económica, social y demás) en la que se encuentran en la actualidad muchos de los pocos sobrevivientes del Holocausto refleja tan solo una de las muchas contradicciones.

sábado, 14 de abril de 2012

¿Cuál es el sitio turístico más popular de Israel?

Una particular mirada



Una cosa que me tengo bien aprendida es que todo ranking debe ser tomado con pinzas. Aun así, casi me caigo para atrás al leer que en el 2011 Masada (en hebreo Metzadá) encabezó la lista –publicada por la filial israelí de D&B– de los sitios turísticos más populares en Israel... Me costó creer que haya alcanzado tal puesto un lugar tan a trasmano que en mis recuerdos figura como una interminable caminata en pendiente… y además, está relacionado, según la vox populi y el discurso oficial, con un episodio histórico y "heroico" de suicido masivo…

Supongo que no mencionaría el tema si no hubiese leído la columna semanal de Meir Shalev –de los escritores israelíes contemporáneos más destacados– en el diario Iediot Hajaronot del anteayer (12.4.12). Shalev como Shalev encaró este dato desde una perspectiva tan lúcida como singular: "El relato del suicidio, haya o no ocurrido, fue condenado y deplorado por el pueblo judío durante muchos años hasta que el sionismo lo transformó en un relato y una metáfora de heroísmo y para colmo del horror, una especie de modelo".

Sin embargo, a modo de "twist shaleviano", el reconocido escritor concluye recomendando la visita al sitio… "todo pueblo tiene que saber qué le provocaron fanáticos extremistas violentos y locos al causar su destrucción en el pasado y todo pueblo tiene que saber que fanáticos extremistas violentos y locos pueden llegar a generar una  nueva destrucción en el futuro".

Retomando una mirada prosaica, la vista es excepcional y dicen que los shows musicales  y especialmente los festivales de ópera ("Carmen", en junio) que se realizan a los pies de la famosa fortaleza son imperdibles...

viernes, 13 de abril de 2012

A la hora de elegir bando celular



Por esas afortunadas vueltas de la vida, hoy en día en Israel uno puede cambiar libremente de compañía de telefonía celular. Tal vez en otros países sea algo trivial, pero aquí es una bendita novedad. Esta reglamentación rige desde hace cierto tiempo pero el ímpetu que me llevó a dar el gran paso necesitó meses de incubación. Finalmente, el otro día me desconecté de la empresa a la que le había sido fiel desde que nací como usuaria de esta maravilla. Si mis hijos leyeran este post se reirían, ¿maravilla? Creo que solo quienes (aún) recordamos que alguna vez vivimos sin él,  valoramos el celular como tal.

Esto ocurrió durante la semana de Pesaj, teóricamente laboral pero que a juzgar por los "embotellamientos en todo el país" que reportan los medios, la mitad más uno pasea. Como odio los "pkakim" (del hebreo: embotellamientos) pero no quería incumplir el mandato nacional de ventilación masiva, caminé los 2 o 3 km que distaban de la compañía que ostentaba la oferta más primorosa.

Las endorfinas hicieron lo suyo y hacia el final de la caminata tuve un momento de lucidez: me percaté de que mi celular vivía entablillado. Por ende, a mi revolucionario pase se sumó el cambio de aparato. Al enterarme de que "mi" modelo ya no existía y tras el asombro que me causaron las opciones que me ofrecía el vendedor, sucumbí en la tentadora disyuntiva si elegir un modelo más de avanzada.

La vacilación me rememoró una charla que había escuchado unas semanas atrás. La conferencista predicaba en pos del reencuentro con la naturaleza, la conexión con nuestra esencia, etc.  y paradójicamente, al unísono, protestaba porque estando en un café "pierde tiempo" llamando al mozo/camarero (cabe aclarar que realmente aquí es un proceso algo prolongado) y proponía remplazar al buen muchacho por un menú digitalizado… Sumergida en la indignación que me había causado la experta en holística subyugada por la tecnología escuché la voz del empleado que me volvió en mí:

- Señor, no puedo atenderlo hasta que no termine con esta clienta…

Apurada por la impaciencia del empleado o por el iracundo recuerdo, o por ambos, se apoderó de mí una indomable y ahorrativa rebeldía que escogió el aparato menos "avanzado". 

Volví a casa ambivalente: triunfante, por haber logrado navegar contra la aceleración tecnológica y afines, y ruborizada de vergüenza porque a pesar del cambio, sigo jugando del lado de los desactualizados.



Ines Weller desdeisrael@gmail.com

sábado, 7 de abril de 2012

¿Soportar o cortar?


Acabo de cortar la etiqueta de uno de mis pañuelos preferidos. Sí, me refiero a ese cuadradito de tela en el que figuran los datos del país de origen, material, etc. Aparentemente, un hecho  insignificante que nada debería estar haciendo por este blog. Sin embargo, bien merecido tiene este post. Sucede que el pañuelo lo compré hace…. más de medio año y a pesar de que esta bendita etiquetita me volvía loca con su tozuda insistencia en aparecer, ridículamente, siempre delante, –como si ella y no el estampado de flores fuese la verdadera protagonista de este pequeño chal–, no se me había ocurrido hasta este momento la perspicaz idea de ¡cortarla!

Fue un instante impredecible. Cuando al mirarme al espejo la vi ahí, enarbolada en su impertinencia me pregunté: ¿y si la corto? Me aterroricé. No por el tiempo que pasó hasta que encontré tan exitosa como simple solución sino por el filoso interrogante que vino a colación: ¿Qué otras «etiquetas» pude haber cortado y sin embargo, sigo soportando?