Pinceladas y reflexiones sobre la vida cotidiana a orillas del Mediterráneo

viernes, 23 de abril de 2010

Una golondrina llamada Nito


Un buen rato estuvimos esperando un grupito de representantes de diferentes medios, a Nito Mestre, el legendario ex 'Sui Generis', en la sede la Olei (Organización de Latinoamerica, España y Portugal en Israel) de Tel Aviv, la tarde del miércoles, que terminó siendo la nochecita. A pesar de que el tiempo de cada uno vale oro, pocas protestas se escucharon, al menos en voz alta, por la demora. No era para menos, pocas veces uno tiene la oportunidad de darle un beso a un mito, menos aún, sacarse una foto.

Nito se mostró relativamente afable, teniendo en cuenta que a sólo 24 horas de haber aterrizado en Israel, había tenido el honor de vivenciar en carne propia un largo "pkak" (embotellamiento) en la ruta de Jerusalén a Tel Aviv, que no es lo mejorcito que tiene este país para ofrecer a un recién llegado. Además, no era difícil imaginar (ni leer entre líneas) que de haber podido eludir el compromiso mediático, a su llegada a Tel Aviv Nito hubiese corrido a mojarse los pies en esta orilla del Mediterráneo. (Desde de mi friolenta perspectiva, no estaba para zambullirse).

Pero obviamente Nito no es un turista más. Él vino primero que todo a cantar, lo que hizo ayer en Beer Sheva y hará nuevamente hoy, viernes en Haifa (a las 21.00 en Beit Haba Hushi) y mañana, sábado por la noche, en Reading3 en Namal (puerto) de Tel Aviv.

"Lo que me gusta es que suceda algo en la noche, que sea emocionante, que pueda decir 'que suerte que vine' y que la gente, del otro lado, se vaya diciendo lo mismo", dijo Nito hablando de sus propias expectativas de los shows, lo que supongo aumentó las ansias por escucharlo de los ahí reunidos (al menos eso fue lo que me produjo a mí) que posiblemente llegamos al encuentro más movidos por nuestros recuerdos adolescentes que por nuestra misión profesional.

Me quedaron en el tintero las preguntas sobre Charly García (su ex 'media naranja' en el legendario dúo, que llega en mayo con su propio show), ya que al escuchar su rotunda negativa ante la pregunta, si habrá este año reencuentro de Sui Géneris, entendí que no seria saludable preguntarlas.

También me quedé con la incógnita, qué habrá escrito en el papelito que puso en el Muro de los Lamentos, según nos contó. También mi audacia tiene un límite.

y ¿por qué la golondrina del título? se preguntarán. Porque Nito es el primero de una serie de cantantes argentinos que decidieron iluminar con su presencia nuestra primavera: además del mencionado Charly, también Marcela Morelo y Víctor Heredia están en camino.
Ines Weller desdeisrael@gmail.com

lunes, 12 de abril de 2010

Un país con "piel de gallina"

Los sobrevivientes recuerdan en voz alta

Para ellos, quienes de una u otra manera, lograron sobrevivir el holocausto, hoy es el día que tienen permiso oficial para recordar en voz alta, con la certeza de que los escuchan. Ellos saben que hoy no sólo los escuchamos con atención, sino con una mezcla de respeto y admiración. La admiración es doble, por las proezas o el coraje o las ganas de vivir, que los llevaron a contradecir al destino y sobrevivir y por el hecho de haber logrado construir una nueva vida, con los recuerdos a cuestas.

Para nosotros, quienes tuvimos la suerte de conocer los horrores de aquella época nefasta sólo "de mentas", hoy es el día que nos equilibra, que devuelve nuestros dramas a su proporciones verdaderas.

Pero todos tenemos algo en común, es el día que, ya sea como oradores o como escuchas, lo transitamos con 'piel de gallina'.

Ines Weller desdeisrael@gmail.com

lunes, 29 de marzo de 2010

Cada uno con su propio "Pesaj"

La celebración de la fiesta de Pesaj, con su tradicional 'seder', simboliza la unión familiar, pero en la práctica, en la víspera, la sociedad israelí se divide en dos grandes grupos: quienes están sumergidos en los preparativos culinarios y quienes trajinan preparando sus maletas ya que para ellos el 'seder' es sinónimo de 'escapada al exterior'.

Pero no es una división absoluta. En la intersección de ambos grupos habitan quienes no se entregan plenamente ni a una cosa ni a la otra, ya que su cabeza está en otro lugar, pensando en el hijo uniformado que esta fiesta le tocó "quedarse", en el mejor de los casos, en la base en la que está cumpliendo el servicio militar, y en el peor, en algún recóndito punto de los límites de este país, de ebullición constante.

Desde hace cuatro años hay un pequeño grupo más, ajeno a los anteriores: el que conforma la familia de Guilad Shalit, el soldado israelí que está secuestrado, en manos del Hamás, desde hace casi cuatro años. Para ellos no hay nada, ni comida, ni viaje, ni la añoranza a un hijo que esta fiesta no tuvo franco, sino un único deseo: que Guilad vuelva a casa.




Ines Weller desdeisrael@gmail.com

miércoles, 24 de marzo de 2010

Israel, en pleno ataque de limpieza

Como todos los años, a medida que Pesaj se acerca, la histeria general se agudiza. No me pregunten por qué, pero todos limpian. Se supone que es para sacar de la casa todo vestigio de levadura, cuya ingestión está prohibida durante la semana que dura esta fiesta. pero eso tendría lógica si se tratara únicamente de limpiar la cocina. Pero el ataque de limpieza invade TODA la casa, incluyendo armarios, desvanes, etc.

Como decia aquella vieja canción infantil: "En el puento de Avignón todos bailan, todos bailan". Habia una época que yo también me pasaba días trepada a una escalera, dando vuelta roperos en vísperas de la fiesta. Entonces sí, yo podía cantar "en Israel, todos limpian todos limpian. En Israel todos limpian y yo también". Tenía su encanto saberme parte de un rito de purificación que nunca entendí quien habia ordenado, pero que sin duda, colaboraba con la higiene nacional. Pero me cansé. Los años no vienen en vano.

Asi que ahora, sumergida en mi holgazanería, me resulta divertido ver el trajín de las mujeres de mi alrededor, ya que con mis largos años en el país, no recuerdo haber visto nunca un hombre que ponga su casa 'patitas para arriba', agua y jabón en mano. Claro, que no es tan fácil mantenerse ajena. Sin ir más lejos, hoy a la mañana sonó el teléfono a una hora inusitada, al menos en mi casa. Felizmente, para mí y para mi vecina de arriba, yo ya estaba despierta. Digo para mi vecina de arriba, porque no quiero pensar cuáles habrían sido las consecuencias de nuestra armoniosa vecindad si su llamado me hubiese despertado. (Si hay algo que odio en este mundo es que me despierten sin necesidad).

La atendí mientras mi vista reposaba en el balcón, perdiéndose en el día radiante que amanecía pero al ver su nombre en la pantallita del teléfono, volví de sopetón a nuestra límpida realidad: "No me digas nada", me adelanté, "querés que entre la ropa". Efectivamente, esta buena señora se apiadó de mi ropa limpia colgada én la soga (con el sol israeli´, usar el secador es un verdadero pecado ambiental), ya que ella, fiel a la tradición, estaba a punto de baldear sus ventanas.

Obviamente, no es la única. Ayer, mientras caminaba por la calle vi por primera vez el interior de un departamento de un primer piso que pasa todo el año con las persianas bajas. No sé quien vivirá ahí, pero aquí, hasta el más empedernido hermitaño no logra zafar de la semana de aseo nacional.

Dentro de todo, es un "raye" nacional positivo, sobretodo si se lo compara con otras costumbres mucho menos digeribles con las que uno se topa por estos pagos.

Ines Weller desdeisrael@gmail.com

jueves, 11 de marzo de 2010

Coqui Sosa en Israel


Esta semana tuve la oportunidad de conocer y entrevistar (para la sección Música en Ynet.co.il) al cantante y compositor Coqui Sosa, el sobrino de la gran Mercedes Sosa, (que vino a dar tres shows) para descubrir, en buena hora, que a pesar de los lazos de sangre que lo unen a uno de los hitos de la música latinoaméricana, se mantiene con los pies en la tierra y la mirada "a la altura de los ojos", como se dice en hebreo.

Este hecho me parece digno de admiración, sobretodo en el marco de la era en que vivimos, en la que tantos se avalanchan sobre el status de "celebridad" celestial, haciéndolo suyo, a pesar de que no tienen, ni por lejos, el talento y la carrera que vislumbré en mi primer encuentro con nuestro fugaz húesped.

Reconozco que en mi condición de inexperta en el terreno de la música, no tengo autoridad para hablar de capacidades, pero por suerte, eso no me quita el derecho a que una canción me llegue. Y una que me "tocó" fuerte es "Cantora del Pueblo", que Coqui escribió en el sanatorio, mientras acompañaba junto a los suyos a su tía, en sus últimas horas, y que felizmente, después de guardársela, durante meses, decidió compartirla con su público, sacándola a la luz en su web: http://www.coquisosa.com.ar/)

Apuesto a que cuando la escuchen (lo recomiendo) corroborarán lo que se sentí desde el primer verso, la escribió con el corazón. ¡Qué la disfruten!

Ines Weller desdeisrael@gmail.com

miércoles, 24 de febrero de 2010

La voz de mando

Ayer viajé en colectivo (ómnibus), lo que hago muy de vez en cuando. Como estaba cansada opté por sentarme en un asiento que detesto pero que era el único que estaba disponible, de ésos en los que uno se sienta "al revés", o sea, mirando hacia donde uno viene, en vez de hacia donde uno va. Más allá del malestar físico que me produce esa ubicación, me molesta, por principio, el hecho de avanzar mirando lo que uno deja atrás.

De todos modos, esta vez me vino bien por la anécdota que paso a relatar. Apenas el ómnibus comenzó a viajar la señora que estaba sentada frente a mi me dice, con claro acento ruso: "UNO - UNO - CUATRO". Ni una palabra más, ni una palabra menos. Como yo me quedé mirándola, tratando de descifrar la consigna, ella empezó a repetirla con un tono cada vez más desesperado: "¡Uno - uno - cuatro!"; "¡uno - uno - cuatro!". Después de un par de veces, creí entender que me estaba preguntando si ése era el colectivo línea 114. Le dije que no, que ése es el "uno - uno - tres". Ella insistió, más atormentada aún, y acompañando la cantinela con ademanes que señalaban la calle. Finalmente entendí que me estaba preguntado, donde había una parada del colectivo "uno, uno, cuatro". Le dije que no sabía pero la señora rusa no tuvo tiempo de afligirse ya que inmediatamente la señora que viajaba a mi lado, de origen etíope le contestó: "Yo, uno - uno - cuatro", acompañando sus palabras con una sonrisa de oreja a oreja, mientras que con las manos le explicaba, con suma dulzura, estirando su brazo hasta rozarle la falda con la mano derecha, la cual volvió inmediatamente hacia ella, que se baje donde ella se baja.

No sé si la señora de Etiopía habló de esa manera por sus propias limitaciones idiomáticas o para asegurarse que su flamante protegida la entendiera perfectamente. La cosa es que ambas continuaron el viaje con una sonrisa en los labios. Una parecía más feliz que la otra. Después de menos de diez minutos, la señora etíope se paró con total seguridad, como quien realiza ese recorrido de manera rutinaria, y se fue hacia la puerta de adelante (lo que confirmaba la firmeza con la que se movía, ya que formalmente debía bajar por la puerta de atrás). La señora rusa se levantó y comenzó a seguir a su gentil guía, como todos los pasajeros que habíamos sido testigo del episodio esperáramos que hiciera.
Pero... mientras la señora rusa se aproximaba a la puerta de adelante un señor, de acento tzabar (nativo de Israel) sentenció: "En esta parada no, más adelante". La sonrisa de la señora desapareció al instante y dejándose llevar por el vozarrón viril, que evidentemente le inspiró mayor confianza que la de la pasajera etíope, se quedó arriba del colectivo, para comprobar, apenas éste retomó la marcha, que aquella, había sido la última parada en la que podía tomar el UNO - UNO - CUATRO. O sea, la mujer etíope sabía lo que decía. (No quiero ni imaginar la frustración de ésta cuando se descubrió sola en tierra firme).

Por lo general no acostumbro a poner las manos en el fuego por nada ni nadie pero esta vez, lo hago, apostando a que si hubiera sido al revés, si un señor con acento tzabar le hubiera dicho que se baje y una señora etiope a último momento hubiera "sentenciado" que no, que no era áquella la parada correcta, la señora rusa, nunca le hubiera hecho caso a esta última. No cabe duda, en el reino de los prejuicios, un vozarrón viril + acento tzabar lleva las de ganar.

Ines Weller desdeisrael@gmail.com

viernes, 12 de febrero de 2010

Paraiso para friolentos

Muchas cosas se pueden decir de Israel, menos que es un paraíso. Sin embargo, eso es lo que siento, por momentos, desde mi perfil de friolenta porfiada, cuando inmersa en la ola de calor que nos invade en pleno invierno, me paseo muy fresca con mi remera de algodón frente al televisor, mientras que desde la pantalla, las nieves de Washington y Berlín, con las cuales compartimos hemisferio, compiten por llamar mi atención. Reconozco que por momentos la blancura, tan bella como romántica, me llama, pero si lo pienso dos veces me quedo con nuestros días, mucho menos sexys pero más cálidos y diáfanos.


Ines Weller desdeisrael@gmail.com