Pinceladas y reflexiones sobre la vida cotidiana a orillas del Mediterráneo

sábado, 10 de julio de 2021

Paciencia que ya llega: Sector silencioso


Días después de haber asumido el nuevo gobierno algunos ministros –aplicando lo que aquí se llama la “ley noruega”– renunciaron a sus bancas en la Knéset (Parlamento israelí) a favor de compañeros de sus respectivos partidos.

Si bien era un acto legal, a mí me olió feo. Seguramente influenciada por la crítica generalizada por el hecho de que esta movida incrementa el gasto público y suele ser vista como un asunto netamente de “acomodar a amigos”. (A pesar de que, en la práctica, un ministro no puede, realmente, desempeñar .sus funciones parlamentarias paralelamente a las ministeriales.)

Felizmente, muy pronto un muy agradable aroma de inclusión barrió con mi reacción automática … y me hizo ver las cosas de otra manera.

Mientras miraba por la tele el juramento de los flamantes parlamentarios, vi a Shirly Pinto, de 32 años, del partido Iemina, a quien se destacó durante la ceremonia por ser la primera parlamentaria israelí sorda.

No solo ver su “Me comprometo” –frase que pronuncia cada parlamentario al asumir el cargo–, expresada en la lengua de señas, me emocionó mucho.

También la idea que se me cruzó por la cabeza: ¡la inclusión es una excelente inversión!

¿Por qué?

Porque seguramente la presencia de Pinto en la Knéset tendrá un gran impacto en toda la sociedad al dar un ejemplo de cómo, adaptando algunos recursos sobre los que se explayaron los medios (intérprete adjunta; reemplazar efectos auditivos por visuales, etc.) se puede integrar a una persona sorda a la vida parlamentaria.

(Lo que más me alegró fue imaginarme que al demostrar que eso es factible en tan respetuoso recinto, seguramente repercutirá en otras esferas.)

Y también porque la actitud inclusiva no solo los beneficiará a “ellos” sino a todos.

Quiero creer que gracias a Pinto, la próxima vez que estando con una amiga hipoacúsica en una confitería le pidamos a la moza, después de enterarla de la particular condición de mi amiga, si tendría la gentileza de bajar el volumen de la música porque le resulta literalmente insoportable, en lugar de recibir por primera respuesta una mueca con la nariz como diciendo, ¡qué plomas estas mujeres! y por segunda, la frase: “tengo que consultar”, nos conteste: “no hay ningún problema” y vaya directito al dispositivo en cuestión y nos deleite con un armonioso silencio.

Pero aquí no termina mi fantasía… En brazos del entusiasmo me animo a imaginar que con el tiempo, siguiendo el modelo del "sector especial para fumadores”, se establezca la norma de "sectores silenciosos para hipoacúsicos…"

De concretarse esta utopía, creo que todos saldríamos ganando... 

No me sorprendería que muy rápidamente se intercambiarían los carteles, y pasen el de “zona silenciosa”, adjuntado al apartado más pequeño, al salón central de la confitería, al descubrir que curiosamente, los comensales prefieren conversar sin la compañía de la estridente música de fondo con la que acostumbran a aturdirnos por estos pagos, ¡quién saber por qué diablos!

Optimista empedernida me despido con un brindis ¡por la recuperación del silencio!

Ines Weller desdeisrael@gmail.com

viernes, 26 de junio de 2020

Mi niña interior y la pandemia



Si bien en el post anterior, que publiqué a principios de esta pandemia, Llegó la hora de la revancha… de los introvertidos, decía estar en "mi salsa" ante la imposición de cuarentena generalizada, acabo de descubrir que no salí ilesa.

En realidad, la más dañada, –podría decir "felizmente", ya que me tocó en suerte trabajar a distancia desde hace años por lo que no tuve que dejar de hacerlo– es mi niña interior. A simple vista, parece un lujo de suertudos. Y lo es, pero solo en parte, ya que esta niña, vendría a ser lo que la "cultura" a la sociedad: la responsable de alimentar mi razón de ser. 

Ella se nutre del placer, de los pequeños gustos, de las satisfacciones. Y de pronto, esta dimensión, su hábitat, se transformó en una gran nimiedad. La abstinencia de todo lo evitable que nos impuso el COVID-19, ya desde la época en que lo llamábamos familiarmente coronavirus, transformó el fogoso mundo de los deseos en un ámbito superfluo.

Al menos eso es lo que me pasó a mí, perdida como estoy en la confusa realidad israelí en la que cada vez se mezclan más los dictámenes pertinentes a una real emergencia sanitaria con intereses políticos y económicos –algunos ocultos y otros burdamente  visibles generando una masa inseparable, que me desorienta.¿Qué hacer? ¿A dónde ir? ¿Con quién verme? 

Desde que "abrieron" la cuarentena ando deambulando entre las diferentes opciones, voy y vengo de lo prohibido a lo permitido, y viceversa. Tratando de dilucidar la verdad, de configurar, yo solita, una actitud sana y sabia, que me permita realimentar mi "niña interior". Para ayudarla a recuperarse. O sea, para ayudarme a recuperarme. Lo más rápido posible. 

Todo, por supuesto, con una gran culpa (spécialité de la casa), por tener el privilegio de preocuparme de mi alimentación emocional mientras que tanta gente alrededor del mundo sigue como siempre ocupándose, o empezó a ocuparse "gracias" al COVID-19, de cómo diablos comprar comida de verdad.

sábado, 4 de abril de 2020

Llegó la hora de la revancha… de los introvertidos


Muchas especulaciones se barajan en estos días en cuanto al origen o significado de la pandemia del coronavirus. Si bien no suelo sumarme a este tipo de conjeturas, esta vez, excepcionalmente, me urge compartir mi mirada de esta locura que estamos viviendo.
Porque siento que si tuviéramos la dicha, de que este rediseño del mundo transcurriese sobre un escenario teatral, la obra podría llamarse: La revancha de los introvertidos.

Lo digo con profundo conocimiento de causa. Soy una de esas personas que, naturalmente, tienden a guardarse todo para adentro: sentimientos, problemas, dificultades y alegrías. Y en esta era digital que nos toca vivir, nos vemos obligados a ir esquivando al "otro" no solo en el mundo real sino también en el virtual. Abrimos un perfil en Facebook, instagram, etc. para disimular nuestro ostracismo pero raras veces publicamos algo personal. Nos basta compartir posts ajenos para sentimos "al desnudo".

Disfrutamos de la soledad como otros de una torta de chocolate. Necesitamos del silencio como aire para respirar. Somos expertos en explicaciones diplomáticas para eludir algún encuentro social. Porque sabemos que decir "prefiero quedarme sola en casa" no es políticamente correcto y peor aún, puede llegar a lastimar. Y si hay algo que no queremos, es herir a nuestros pocos amigos, que con no poco esfuerzo aprendieron a respetar nuestras distancias, y nos acompañan a lo largo del camino.

Y en medio de nuestra obsesión por preservar nuestra intimidad, como en un cuento de terror, llega el coronavirus y con su gran e imperdonable crueldad, impone el aislamiento a todos, sin diferencias de raza, género ni rasgo de personalidad.

Es verdad, a nosotros, los introvertidos, nos resulta más fácil transitar la cuarentena preventiva porque, de alguna manera, estamos en "nuestra salsa". Pero no se preocupen mis queridos extrovertidos. Este apogeo nos va a durar poco. Muy pronto, todo volverá a su lugar.

Ustedes, retomarán el habitual protagonismo y celebrarán encuentros humanos maravillosos. Y nosotros, volveremos a nuestro silencioso rinconcito.
O quién sabe, capaz que después de este confinamiento obligatorio quedemos tan empalagados de nosotros mismos, que corramos a abrazarlos. 
¡Ojalá!

sábado, 3 de agosto de 2019

¿Se enteraron?



¿Se enteraron? Volkswagen dejará de fabricar su célebre Escarabajo. La noticia me sacudió fuerte, a pesar de que por lo general los modelos de autos no me mueven un pelo. La explicación la encontrarán en 'Mi querido Escarabajo', uno de los relatos de mi ebook Sonreír con acento. Pinceladas cotidianas frente al Mediterráneo, que con motivo de tan conmovedor acontecimiento :) está nuevamente disponible sin cargo en Amazon.com entre el 1 y el 5 de agosto
Empieza así: "El primer auto que tuve y manejé en mi vida fue un Volkswagen Escarabajo, que nosotros llamábamos cariñosamente Jipu (del hebreo, jipushit). Era de 1972. En aquella época, con alrededor de veinte años, estaba a punto de ser declarado «auto antiguo». Hoy ya lo es.
Si sienten una lagrimita sobre la mejilla adivino que pertenecen al club de Quienes tuvieron alguna vez un Escarabajo. A los demás, les cuento que este modelo legendario tiene un temple especial que hace que la relación dueño-auto trascienda lo pragmático. En mi caso, por circunstancias que paso a detallar, era un constante zigzag entre amor y odio."
El relato continúa en: https://amzn.to/2YF0dLk
¡Gracias por compartir!
Ines Weller desdeisrael@gmail.com

domingo, 3 de marzo de 2019

Viejo "truco" infalible


Últimamente tuve la oportunidad de volver a comprobar, por chiquicienta vez, la eficacia de este viejo "truco" y me dio ganas de compartirlo.

***
Cuentan de una familia con muchos hijos que vivían en una casa muy pequeña lo que, naturalmente, les generaba gran incomodidad y muchas tensiones. Cuando la situación se hizo insostenible el padre fue a consultar al rabino qué hacer. Para su gran sorpresa, el rabino le aconsejó:

 –Llevá un cabrito a tu casa…

–¡¡¿Qué decís?!!! Te digo que vivimos reapretados ¡y vos me decís que lleve un cabrito a mi casa! 

–Hacé lo que te digo. Lleva el cabrito y volvé en una semana.

Dada la gran reputación del rabino como solucionador de problemas por un lado y su desesperación por el otro, el hombre llevó un cabrito a la casa. Como era de imaginar, la convivencia con el animal los enloqueció...  A la semana, el hombre corrió al rabino.

–Rabi, pasamos una semana terrible…

–¡Excelente! Volvé a tu casa y sacá el cabrito…

***
Después de haber convivido, en el transcurso de los años, con muchos "cabritos", doy testimonio que el "truco" es infalible.

Solo le veo dos inconvenientes: la llegada del cabrito es ajena a nuestra decisión (al menos yo nunca encontré las fuerzas para meterlo por propia voluntad) y el "efecto" no es muy sostenible que digamos… En un par de días el alivio por la desaparición del problema "extra" suele esfumarse... y volvemos a quejarnos de la difícil situación…

miércoles, 2 de enero de 2019

¡Muy feliz año nuevo!

Cuando se acerca el 31 de diciembre me invade una sensación de ambivalencia.

Por un lado, me sumo a los deseos de ¡Feliz año nuevo! En los que subyace la percepción generalizada de que lo que nos pase este año nada tiene que ver con nosotros sino con lo que nos depare el destino.

Lo curioso es que a nivel teórico creo firmemente precisamente lo contrario: que mucho de lo que nos pase este año será efecto directo e indirecto de lo que hagamos o dejemos de hacer.

Así que con el claro propósito de recordarme y recordarnos este "detalle" mi deseo para el 2019 –que me apetece como si tuviera frente a mí una fuente de cerezas o alfajores de maicena (en una época más pecaminosa, hubiese escrito alfajores de Havanna de chocolate:)– es que disfruten de él ¡con todo! Y lo conviertan en un año pleno de momentos felices, de muchas sonrisas, risas y en la medida de lo posible, carcajadas…

¡Bienvenido 2019!



sábado, 17 de noviembre de 2018

El Día de las Elecciones



Hace tiempo que tengo ganas de escribir por estos pagos pero se me hacía difícil por esa maldita tendencia a la proscrastinación (postergación en difícil).
Felizmente, esta mañana, 30 de octubre 2018, el dìa de las elecciones municipales, me desperté con el ímpetu necesario. En realidad, el ímpetu se despertó un poco más tarde, cuando me cayó la ficha del nombre del día: El día de las elecciones.

Al sacarlo del contexto local, que son la razón de tan inspirador título, se me ocurrió una idea que nos vendría muy bien a muchos. Decretar un día por año como el Día de las Elecciones, en el sentido amplio y personal. Un día en el que cada uno de los habitantes del país  tiene la obligación de tomar una decisión.

En un primer momento me sonó como una más de mis alocadas ocurrencias pero en seguida me acordé que ya tenemos el Día del Perdón…

Si todo un país se detiene 24 horas para que una mayoría revise sus propios pecados, por qué no detenerse para que cada uno haga lo que no se anima: decidir.

Para algunos o tal vez para muchos, digamos para los afortunados, elegir es algo natural. Cosa que hacen desde que tienen uso de la razón. Para ellos, tal vez un día innecesario.
Pero para nosotros, para quienes decidirse por algo nos resulta, a veces, una misión posible, puede ser un día de fiesta.