Pinceladas y reflexiones sobre la vida cotidiana a orillas del Mediterráneo

viernes, 6 de junio de 2025

Libro y audiolibro gratis: "Sonreír con acento argentino" - Breves relatos cotidianos


¡Hola! Después de una larga postergación (en las circunstancias actuales todo momento me parecía inoportuno), tengo el placer de compartir, sin cargo, mi libro: Sonreír con acento argentino (ver links al pie de este post), en el que recopilé encuentros, desencuentros y encontronazos con la idiosincrasia israelí y con la vida misma.

Los recolecté, con un guiño humorístico, durante los muchos años que vivo en Israel, desde mi mirada personal y esa doble perspectiva que tenemos los inmigrantes, de adentro y de afuera. 

* Todos los relatos son de antes del 7/10/23.

Para acceder, gratis, al libro o audiolibro hay que hacer clic en los siguientes links:

AudiolibroSonreír con acento argentino

Gracias por compartir y ayudarme a difundir. 

Inés 

 Ines Weller desdeisrael@gmail.com

 

martes, 11 de abril de 2023

El "gran paso": ¿darlo o no darlo?



Muchas veces un “gran paso” que elegí dar me llevó de una sensación de cautiverio a una de liberación. 

En realidad, más de una vez resultó ser un paso relativamente pequeño porque lo di recién después de pasar una larga y ambivalente estadía al lado de alguna frontera... 

Las situaciones fueron más y menos dramáticas, y las emociones que me acompañaron, más y menos encontradas. Pero siempre prevaleció una sensación gratificante. Por el solo hecho de hacer. De animarme a elegir. De jugarme. Sabiendo que tal vez, me esté equivocando…

Por toda esta vasta experiencia en el tema es que hoy me deseo, y extiendo mi deseo a todo/a aquel/lla que cayó en la tentación de leer estas palabras, a animarnos, en vísperas del final de la Fiesta de la Libertad 2023, conocida popularmente como Pésaj, a volver a elegir. Volver a dar el paso a lo que hoy sintamos que representa nuestra libertad... 

Sabiendo que tal vez, nos estemos equivocando…

¡Jag Saméaj!

sábado, 27 de agosto de 2022

Lección de geografía masiva y personalizada



Cuando me percaté de la lógica que determina las nuevas tarifas del transporte público, según la reforma que rige desde principios de mes, no sabía si reírme o llorar…

Resulta que para saber qué boleto/pasaje comprar, no es suficiente conocer nuestro destino como era habitual. ¡También tenemos que saber cuál es la distancia, en km, que nos separa de él! Como si esto fuera poco… no se trata de la distancia por ruta, que podríamos tener alguna vaga idea, sino, la distancia aérea.

Así las cosas, parece ser que quienes usamos transporte público no tenemos más remedio que aceptar el desafío y, preferentemente improvisando  una sonrisa, participar de esta masiva, personalizada y obligada lección de geografía.

 

 

sábado, 20 de agosto de 2022

Llegar a un lugar inimaginable

                                                                                                                                                                                               Foto: Haim Zach – Ofic, de Prensa del Gob        Cada vez que veo a Yair Lapid en su relativamente flamante  (¿y fugaz?) puesto de primer ministro siento un pellizco de emoción que nada tiene que ver con posturas políticas. Empatía pura.

Es verdad que al asumir el rol de premier Lapid demostró que, a veces, los deseos se cumplen, pero no fue eso lo que me “tocó”. En realidad, fue lo contrario.

Si bien cuando comenzó su carrera política apuntaba hacia el “trono”, adivino que años atrás, cuando el joven Yair daba sus primeros pasos en el exitoso carrerón que hizo como conductor de TV, la idea de entrar en los zapatos de David Ben Gurión, y colegas, no se le pasaba por la cabeza.

Este tipo de situaciones, en las que nos descubrimos en un lugar con claras connotaciones de crecimiento personal, al que nunca imaginamos llegar, me conmueven.

Un momento así viví cuando debuté, con manos temblorosas, frente al volante. Recuerdo que al estacionar, después de mi primer viaje, sentí como si palpara mi transformación, de mujer sin registro a mujer conductora… Con todas las implicaciones de este cambio de categoría.

¡Cómo podés comparar! pensarán, tal vez, al leer mi prosaico y modesto ejemplo frente al desafiante "salto" que dio Don Lapid.

Pero si hay algo que aprendí a lo largo de los años es que los logros no se pueden comparar. Para mí, desde la perspectiva de mi punto de partida, sacar registro (y largarme a manejar) fue una hazaña gigante, no menor que la del susodicho al llegar a tan prestigioso puesto.

No es tarea fácil, lo digo por experiencia, pero me parece que por aquí pasa la clave: en lugar de valorar lo que hicimos en función de lo que hicieron otros, valorarlo en función  del itinerario que recorrimos hasta hacerlo...


miércoles, 10 de agosto de 2022

El país es chico pero la grieta es grande




Como era de esperar, en vísperas de las próximas elecciones gubernamentales –programadas para el 1 de noviembre 2022–, la grieta alrededor de la disyuntiva con o sin Bibi (como llaman todos acá al ex premier Benjamín Netanyahu) adquirió gran protagonismo.

Sin embargo, hoy, a raíz de la reciente Operación Amanecer, me urge hablar de otra de las tantas grietas que pululan por estos pagos, la que separa a la población de Israel en dos mundos: el de quienes vivieron durante esta escalada situaciones límites y un sinfín de dificultades y, a años luz de distancia, aunque a nivel geográfico está a solo algunos kilómetros, el de quienes vivimos en otro planeta, en el que no hubo alarmas, ni corridas a refugios, ni rutas cerradas, y el servicio de trenes continuó respetando (con su conocido albedrío) sus horarios.

Esto me recordó la frase que dijo mi hijo mayor cuando a los 4 o 5 años vio por primera vez el minúsculo lugar que ocupa Israel en el mapamundi: “Israel es un país chico por fuera pero grande por dentro”. (Aprovecho para sugerir a los padres jóvenes registrar estas “perlitas” de sus retoños).

Desde su mirada infantil me explicó entonces la paradoja de cómo un país-pañuelo genera brechas gigantes.


lunes, 4 de julio de 2022

Siete meses, todo un mundo


Los siete meses que pasaron desde mi post anterior (abajo), me los perdoné con relativa facilidad. En cambio, me cuesta aceptar que en tan poco tiempo quedó caduco. De no ser por la fecha de publicación, al releerlo ahora hubiera creído que lo escribí hace una década.

Primero, porque Bennett ya no es el primer ministro. En realidad, en un país adicto a las elecciones nacionales como este, no debí mencionar este detalle.

Segundo, porque los jóvenes de hoy ya no tiran al tacho el boleto de papel. Obviamente, no dejaron de hacerlo por haberse convencido de la necesidad de conservarlo hasta el final del viaje sino porque ya no lo reciben. Es más, al subir al ómnibus no solo pasan por alto al tacho sino al mismísimo conductor.

La buena noticia es que de no ser por pasajeros reaccionarios como la autora de estas líneas, los conductores estarían ¡por fin! liberados de la tarea de vender boletos. Porque, en estos días, con celular en mano, ¿quién necesita interactuar con otro ser humano?

En este caso, basta con apuntar con la camarita hacia el código QR estampado en un lugar saliente del ómnibus y la tarea de abonar concluye al sonido del clic.

El veloz ritmo en que las aplicaciones digitales conquistan más y más terrenos no es santo de mi devoción pero, le encontré algo bueno: me sirve de incentivo para desarrollar mi creatividad al intentar adivinar ¿qué novedad se estará gestando en estos precisos momentos?

Como imagino que mi esfuerzo resultará infructuoso, me conformo con el placer que me produce registrar aspectos pintorescos de nuestro querido y vertiginoso siglo 21.


sábado, 13 de noviembre de 2021

¿A dónde fue a parar la brecha generacional? ¡Al tacho de basura!

Casualmente, la semana en que Benett viajó con todos sus amiguitos a la Conferencia de la ONU en Glasgow sobre el cambio climático yo viajé un par de veces en transporte público.

Obviamente, ya había viajado otras veces pero se ve que el hecho de que la crisis climática protagonizaba los titulares en aquellos días (¿o tal vez fue la influencia de mi nuevo amiguito, el Sr. Mindfulness?) me llevó a darme cuenta de algo que no había percibido antes.

Casi todos los adolescentes y veinteañeros que recibían del conductor un boleto de papel se inclinaban ipso facto hacia el tacho de basura que está en la entrada al ómnibus y, para mi sorpresa, tiraban el boleto que acababan de recibir…

Si un turista extranjero hubiera presenciado tal escena seguramente habría supuesto que existe alguna ordenanza que obliga a despojarse de inmediato del pedacito de papel en cuestión.

Pero mi sensación como testigo presencial, a un metro del lugar de los hechos y añares de la edad de sus protagonistas, era que seguramente estos jóvenes saben algo que yo me niego a aceptar: que el boleto de papel es innecesario.

De más está decir que nunca en la vida se me ocurrió tirar un boleto antes de finalizar un viaje, fiel cumplidora de la orden explícita que aparece en el boleto impreso: “conservar para control”.

 En realidad, estos jóvenes tienen razón. En estos tiempos digitales el control se puede realizar mediante la tarjeta Rav-Kav (múltiples líneas) –equivalente a la SUBE argentina–, que todo pasajero en el transporte público debe poseer. Pero no se ilusionen. Mientras siga recibiendo un boleto de papel con la orden: “conservar para control”, continuaré pasando por alto el tacho de basura.

Se sabe que las costumbres no salvarán al planeta pero no hay recurso más eficaz que ellas para conservar la paz interior.

martes, 9 de noviembre de 2021

Girasol de mi alma



El girasol es, para mi gusto, una de las flores más lindas pero no fue su belleza lo que llevó al girasol que ilustra este post a convertirse en su protagonista, sino lo que él representa para mí: el triunfo de la apertura por sobre la rigidez.

Antes de cometer la “osadía” de plantar un par de semillas de girasol en una maceta de mi querido balcón estaba apegada a dos principios que consideraba certeros e incuestionables:

        1. El girasol es una planta difícil de cultivar.

        2. Yo no sirvo para hacer crecer plantas. Siempre se me mueren antes de florecer o un segundo después.

     Felizmente, desde hace un tiempo –paralelamente a mi descubrimiento del mindfulness (atención plena)– adopté una actitud distinta, más flexible, que me lleva a apagar, con mucha más frecuencia que antes, el disparador automático para detenerme a observar, cuestionar, entender qué está pasando e identificar dentro de mí modelos de reacciones casi anquilosados.

La pequeña grieta que se abrió en el caparazón de mi autonocimiento sabelotodo me propuso un desafío, impensable para mí en otros tiempos: animarme a probar algo nuevo.

El resultado, les sonríe a la vista.

Obviamente, esto no quiere decir que estoy convencida que de aquí en más saldré airosa de todo lo que me proponga y que mi vida se llenará de todo tipo de “girasoles”.

Pero quiero creer que esta experiencia, aparentemente insignificante, haya afianzado en mí, aunque sea mínimamente, mi debilitado ímpetu para objetar verdades tan erróneas como legendarias.

 

Ines Weller desdeisrael@gmail.com

martes, 10 de agosto de 2021

¡Messi, gracias!





Nunca entendí mucho de fútbol (por no decir nada) y seguramente el nombre de Lionel Messi nunca se hubiese asomado por estos pagos, a pesar de su brillante carrera, de no ser por lo que hizo en la rueda de prensa de antes de ayer (domingo 8/8/21), en la que el apodado “La pulga”, se despidió de su F C Barcelona.  

Reitero. Mi perspectiva no es solo subjetiva sino nulamente futbolera. Para mí, lo que hizo en ese momento, frente a las cámaras, sabiendo que lo estaban mirando millones de personas alrededor del mundo, y otro tanto lo verían más tarde –¿durante semanas? ¿meses? ¿años?– gracias a las bondades de las nuevas tecnologías, es mucho más importante que los quichicientos goles, maniobras gloriosas y premios que seguramente coronan su carrera.

¿Qué hizo?

Lloró.

Apasionadamente. Humanamente. Virilmente.

Sin un dejo de vergüenza.

¿Acaso hay una manifestación de mayor fortaleza que la de un hombre, en este caso, una súper estrella a nivel mundial, que llora en público?

No solo en público. Frente a sus hijos.

No tengo la menor idea de lo que va a ser de Messi de ahora en más. Mucho menos, de qué fue lo que lo llevó a esta situación.

A pesar de que me imagino que no la pasó nada bien en aquel momento histórico –pero al mismo tiempo, supongo que tiene todas las de ganar–, me permito dar rienda suelta a mi egoísmo y agradecerle. A pesar de su dolor personal.

Porque a mí me enseñaron que los regalos se agradecen.

Y Messi nos hizo un regalo muy valioso. A nosotros, como sociedad global y particularmente a este rinconcito del mundo, en el que desde hace décadas, generación tras generación, los niños son educados bajo el terrible mandato de que “los varones no lloran”.

¡Gracias, Messi!, por sacar el llanto masculino del ropero.

Ines Weller desdeisrael@gmail.com

lunes, 19 de julio de 2021

Esperando que llegaras...

 

Cuando decidí publicar esta foto pensé titularla “Sin palabras” y consecuentemente, no escribir nada. Pero… ustedes comprenderán, no puedo con el genio…

Lo primero que se me pasó por la cabeza cuando, unos días atrás, en una de mis caminatas triviales y cotidianas por el barrio vi esta kipá huérfana sobre un banco a orillas de la vereda, fue el título de un programa humorístico de antaño: “Solo en Israel”, en alusión a situaciones y fenómenos que ocurren únicamente acá.

Acto seguido, le agradecí al bendito mindfulness por haber irrumpido en mi vida, enseñándome a estar presente, lo más posible, en el “aquí y ahora”. Si no fuera por él, seguramente ni me hubiera percatado de la kipá perdida y por lo tanto, no hubiera venido al mundo esta foto ni las historias que pueda inspirar.

Agradecimiento cumplido, reflexioné sobre la kipá y su dueño. Imaginé que habría muchas posibilidades de que muy pronto se reencontrasen…No porque aquí no haya gente que codicia lo ajeno sino porque ¿quién va a pasar por alto la aureola sagrada de una kipá perdida? Supuse que la famosa frase: “las brujas no existen, pero que las hay, las hay”, seguramente funcionaría también respecto a Dios… amedrentando aun a los ateos más acérrimos.

Si bien me felicito por el segundo de atención plena que me regalé y que me permitió identificar tan genuina escena, comprobé que me queda mucho por hacer para que esta modalidad se instale en mi vida y le quite protagonismo a mi dispersión.

Volví a casa al rato, por la misma calle. Pero hete aquí que, sumergida en mis pensamientos, lo hice por la vereda de en frente... ¡Me olvidé por completo de la kipá! Así que no tengo idea si todavía estaba ahí…

Obviamente, aún si la hubiese visto nunca podría haber adivinado cuál sería su deseo más profundo: ¿que su dueño regrese o que aparezca en su vida un nuevo amor?

sábado, 10 de julio de 2021

Paciencia que ya llega: Sector silencioso


Días después de haber asumido el nuevo gobierno algunos ministros –aplicando lo que aquí se llama la “ley noruega”– renunciaron a sus bancas en la Knéset (Parlamento israelí) a favor de compañeros de sus respectivos partidos.

Si bien era un acto legal, a mí me olió feo. Seguramente influenciada por la crítica generalizada por el hecho de que esta movida incrementa el gasto público y suele ser vista como un asunto netamente de “acomodar a amigos”. (A pesar de que, en la práctica, un ministro no puede, realmente, desempeñar .sus funciones parlamentarias paralelamente a las ministeriales.)

Felizmente, muy pronto un muy agradable aroma de inclusión barrió con mi reacción automática … y me hizo ver las cosas de otra manera.

Mientras miraba por la tele el juramento de los flamantes parlamentarios, vi a Shirly Pinto, de 32 años, del partido Iemina, a quien se destacó durante la ceremonia por ser la primera parlamentaria israelí sorda.

No solo ver su “Me comprometo” –frase que pronuncia cada parlamentario al asumir el cargo–, expresada en la lengua de señas, me emocionó mucho.

También la idea que se me cruzó por la cabeza: ¡la inclusión es una excelente inversión!

¿Por qué?

Porque seguramente la presencia de Pinto en la Knéset tendrá un gran impacto en toda la sociedad al dar un ejemplo de cómo, adaptando algunos recursos sobre los que se explayaron los medios (intérprete adjunta; reemplazar efectos auditivos por visuales, etc.) se puede integrar a una persona sorda a la vida parlamentaria.

(Lo que más me alegró fue imaginarme que al demostrar que eso es factible en tan respetuoso recinto, seguramente repercutirá en otras esferas.)

Y también porque la actitud inclusiva no solo los beneficiará a “ellos” sino a todos.

Quiero creer que gracias a Pinto, la próxima vez que estando con una amiga hipoacúsica en una confitería le pidamos a la moza, después de enterarla de la particular condición de mi amiga, si tendría la gentileza de bajar el volumen de la música porque le resulta literalmente insoportable, en lugar de recibir por primera respuesta una mueca con la nariz como diciendo, ¡qué plomas estas mujeres! y por segunda, la frase: “tengo que consultar”, nos conteste: “no hay ningún problema” y vaya directito al dispositivo en cuestión y nos deleite con un armonioso silencio.

Pero aquí no termina mi fantasía… En brazos del entusiasmo me animo a imaginar que con el tiempo, siguiendo el modelo del "sector especial para fumadores”, se establezca la norma de "sectores silenciosos para hipoacúsicos…"

De concretarse esta utopía, creo que todos saldríamos ganando... 

No me sorprendería que muy rápidamente se intercambiarían los carteles, y pasen el de “zona silenciosa”, adjuntado al apartado más pequeño, al salón central de la confitería, al descubrir que curiosamente, los comensales prefieren conversar sin la compañía de la estridente música de fondo con la que acostumbran a aturdirnos por estos pagos, ¡quién saber por qué diablos!

Optimista empedernida me despido con un brindis ¡por la recuperación del silencio!

Ines Weller desdeisrael@gmail.com

viernes, 26 de junio de 2020

Mi niña interior y la pandemia



Si bien en el post anterior, que publiqué a principios de esta pandemia, Llegó la hora de la revancha… de los introvertidos, decía estar en "mi salsa" ante la imposición de cuarentena generalizada, acabo de descubrir que no salí ilesa.

En realidad, la más dañada, –podría decir "felizmente", ya que me tocó en suerte trabajar a distancia desde hace años por lo que no tuve que dejar de hacerlo– es mi niña interior. A simple vista, parece un lujo de suertudos. Y lo es, pero solo en parte, ya que esta niña, vendría a ser lo que la "cultura" a la sociedad: la responsable de alimentar mi razón de ser. 

Ella se nutre del placer, de los pequeños gustos, de las satisfacciones. Y de pronto, esta dimensión, su hábitat, se transformó en una gran nimiedad. La abstinencia de todo lo evitable que nos impuso el COVID-19, ya desde la época en que lo llamábamos familiarmente coronavirus, transformó el fogoso mundo de los deseos en un ámbito superfluo.

Al menos eso es lo que me pasó a mí, perdida como estoy en la confusa realidad israelí en la que cada vez se mezclan más los dictámenes pertinentes a una real emergencia sanitaria con intereses políticos y económicos –algunos ocultos y otros burdamente  visibles generando una masa inseparable, que me desorienta.¿Qué hacer? ¿A dónde ir? ¿Con quién verme? 

Desde que "abrieron" la cuarentena ando deambulando entre las diferentes opciones, voy y vengo de lo prohibido a lo permitido, y viceversa. Tratando de dilucidar la verdad, de configurar, yo solita, una actitud sana y sabia, que me permita realimentar mi "niña interior". Para ayudarla a recuperarse. O sea, para ayudarme a recuperarme. Lo más rápido posible. 

Todo, por supuesto, con una gran culpa (spécialité de la casa), por tener el privilegio de preocuparme de mi alimentación emocional mientras que tanta gente alrededor del mundo sigue como siempre ocupándose, o empezó a ocuparse "gracias" al COVID-19, de cómo diablos comprar comida de verdad.

sábado, 4 de abril de 2020

Llegó la hora de la revancha… de los introvertidos


Muchas especulaciones se barajan en estos días en cuanto al origen o significado de la pandemia del coronavirus. Si bien no suelo sumarme a este tipo de conjeturas, esta vez, excepcionalmente, me urge compartir mi mirada de esta locura que estamos viviendo.
Porque siento que si tuviéramos la dicha, de que este rediseño del mundo transcurriese sobre un escenario teatral, la obra podría llamarse: La revancha de los introvertidos.

Lo digo con profundo conocimiento de causa. Soy una de esas personas que, naturalmente, tienden a guardarse todo para adentro: sentimientos, problemas, dificultades y alegrías. Y en esta era digital que nos toca vivir, nos vemos obligados a ir esquivando al "otro" no solo en el mundo real sino también en el virtual. Abrimos un perfil en Facebook, instagram, etc. para disimular nuestro ostracismo pero raras veces publicamos algo personal. Nos basta compartir posts ajenos para sentimos "al desnudo".

Disfrutamos de la soledad como otros de una torta de chocolate. Necesitamos del silencio como aire para respirar. Somos expertos en explicaciones diplomáticas para eludir algún encuentro social. Porque sabemos que decir "prefiero quedarme sola en casa" no es políticamente correcto y peor aún, puede llegar a lastimar. Y si hay algo que no queremos, es herir a nuestros pocos amigos, que con no poco esfuerzo aprendieron a respetar nuestras distancias, y nos acompañan a lo largo del camino.

Y en medio de nuestra obsesión por preservar nuestra intimidad, como en un cuento de terror, llega el coronavirus y con su gran e imperdonable crueldad, impone el aislamiento a todos, sin diferencias de raza, género ni rasgo de personalidad.

Es verdad, a nosotros, los introvertidos, nos resulta más fácil transitar la cuarentena preventiva porque, de alguna manera, estamos en "nuestra salsa". Pero no se preocupen mis queridos extrovertidos. Este apogeo nos va a durar poco. Muy pronto, todo volverá a su lugar.

Ustedes, retomarán el habitual protagonismo y celebrarán encuentros humanos maravillosos. Y nosotros, volveremos a nuestro silencioso rinconcito.
O quién sabe, capaz que después de este confinamiento obligatorio quedemos tan empalagados de nosotros mismos, que corramos a abrazarlos. 
¡Ojalá!

sábado, 3 de agosto de 2019

¿Se enteraron?



¿Se enteraron? Volkswagen dejará de fabricar su célebre Escarabajo. La noticia me sacudió fuerte, a pesar de que por lo general los modelos de autos no me mueven un pelo. La explicación la encontrarán en 'Mi querido Escarabajo', uno de los relatos de mi ebook Sonreír con acento. Pinceladas cotidianas frente al Mediterráneo, que con motivo de tan conmovedor acontecimiento :) está nuevamente disponible sin cargo en Amazon.com entre el 1 y el 5 de agosto
Empieza así: "El primer auto que tuve y manejé en mi vida fue un Volkswagen Escarabajo, que nosotros llamábamos cariñosamente Jipu (del hebreo, jipushit). Era de 1972. En aquella época, con alrededor de veinte años, estaba a punto de ser declarado «auto antiguo». Hoy ya lo es.
Si sienten una lagrimita sobre la mejilla adivino que pertenecen al club de Quienes tuvieron alguna vez un Escarabajo. A los demás, les cuento que este modelo legendario tiene un temple especial que hace que la relación dueño-auto trascienda lo pragmático. En mi caso, por circunstancias que paso a detallar, era un constante zigzag entre amor y odio."
El relato continúa en: https://amzn.to/2YF0dLk
¡Gracias por compartir!
Ines Weller desdeisrael@gmail.com

domingo, 3 de marzo de 2019

Viejo "truco" infalible


Últimamente tuve la oportunidad de volver a comprobar, por chiquicienta vez, la eficacia de este viejo "truco" y me dio ganas de compartirlo.

***
Cuentan de una familia con muchos hijos que vivían en una casa muy pequeña lo que, naturalmente, les generaba gran incomodidad y muchas tensiones. Cuando la situación se hizo insostenible el padre fue a consultar al rabino qué hacer. Para su gran sorpresa, el rabino le aconsejó:

 –Llevá un cabrito a tu casa…

–¡¡¿Qué decís?!!! Te digo que vivimos reapretados ¡y vos me decís que lleve un cabrito a mi casa! 

–Hacé lo que te digo. Lleva el cabrito y volvé en una semana.

Dada la gran reputación del rabino como solucionador de problemas por un lado y su desesperación por el otro, el hombre llevó un cabrito a la casa. Como era de imaginar, la convivencia con el animal los enloqueció...  A la semana, el hombre corrió al rabino.

–Rabi, pasamos una semana terrible…

–¡Excelente! Volvé a tu casa y sacá el cabrito…

***
Después de haber convivido, en el transcurso de los años, con muchos "cabritos", doy testimonio que el "truco" es infalible.

Solo le veo dos inconvenientes: la llegada del cabrito es ajena a nuestra decisión (al menos yo nunca encontré las fuerzas para meterlo por propia voluntad) y el "efecto" no es muy sostenible que digamos… En un par de días el alivio por la desaparición del problema "extra" suele esfumarse... y volvemos a quejarnos de la difícil situación…

miércoles, 2 de enero de 2019

¡Muy feliz año nuevo!

Cuando se acerca el 31 de diciembre me invade una sensación de ambivalencia.

Por un lado, me sumo a los deseos de ¡Feliz año nuevo! En los que subyace la percepción generalizada de que lo que nos pase este año nada tiene que ver con nosotros sino con lo que nos depare el destino.

Lo curioso es que a nivel teórico creo firmemente precisamente lo contrario: que mucho de lo que nos pase este año será efecto directo e indirecto de lo que hagamos o dejemos de hacer.

Así que con el claro propósito de recordarme y recordarnos este "detalle" mi deseo para el 2019 –que me apetece como si tuviera frente a mí una fuente de cerezas o alfajores de maicena (en una época más pecaminosa, hubiese escrito alfajores de Havanna de chocolate:)– es que disfruten de él ¡con todo! Y lo conviertan en un año pleno de momentos felices, de muchas sonrisas, risas y en la medida de lo posible, carcajadas…

¡Bienvenido 2019!



sábado, 17 de noviembre de 2018

El Día de las Elecciones



Hace tiempo que tengo ganas de escribir por estos pagos pero se me hacía difícil por esa maldita tendencia a la proscrastinación (postergación en difícil).
Felizmente, esta mañana, 30 de octubre 2018, el dìa de las elecciones municipales, me desperté con el ímpetu necesario. En realidad, el ímpetu se despertó un poco más tarde, cuando me cayó la ficha del nombre del día: El día de las elecciones.

Al sacarlo del contexto local, que son la razón de tan inspirador título, se me ocurrió una idea que nos vendría muy bien a muchos. Decretar un día por año como el Día de las Elecciones, en el sentido amplio y personal. Un día en el que cada uno de los habitantes del país  tiene la obligación de tomar una decisión.

En un primer momento me sonó como una más de mis alocadas ocurrencias pero en seguida me acordé que ya tenemos el Día del Perdón…

Si todo un país se detiene 24 horas para que una mayoría revise sus propios pecados, por qué no detenerse para que cada uno haga lo que no se anima: decidir.

Para algunos o tal vez para muchos, digamos para los afortunados, elegir es algo natural. Cosa que hacen desde que tienen uso de la razón. Para ellos, tal vez un día innecesario.
Pero para nosotros, para quienes decidirse por algo nos resulta, a veces, una misión posible, puede ser un día de fiesta.


viernes, 26 de abril de 2013

Asertividad - Rutina de entrenamiento




Acabo de llegar del supermercado con una sonrisa triunfante que me apuro a registrar antes de que se disipe… Curiosamente, no tuve que pagar ni un centavo por ella, por el contrario, de alguna manera anestesió el gasto. Todo transcurrió en escasos minutos, los que demoró la cajera en registrar el precio de cada producto. Apenas hizo funcionar la cinta transportadora apareció de la nada la gerenta, decidida a convencerme de adquirir la tarjeta de crédito de la empresa, cabe suponer que promesa de comisión mediante.

La perorata empezó pianísimo… Tal vez el aparente perfil de mosquita muerta de la clienta de turno (su humilde servidora) la llevó a creer a la envalentonada mujer que no necesitaría esforzarse para que la susodicha pique el anzuelo. Pero, para su sorpresa, no pudo ahorrarse la enumeración de las inmensurables virtudes del augurioso rectangulito. En su ímpetu vocal, menos estúpida me dijo de todo. Que cómo no voy a probar, que cómo voy a desperdiciar la oportunidad única e irresistible, que cómo…

Claro, doña gerenta no tenía por qué saber que entre los mandamientos que me enseñó doña vida figura no codiciar plastiquitos de colores… Su tono fue tan in crescendo e ininterrumpido que el hombre que me seguía en la fila dijo, un instante antes de poner el pie en el cadalso: «esto es lo que se llama presión física moderada»…

Mi alegría es doble: Porque siempre viene bien sacarle lustre a doña asertividad y por haber logrado no zarandear a la obstinada empleada y gritarle ¡callate o te denuncio por maltrato! 

Ganas no me faltaron pero ganaron la partida las de acurrucarme bajo el parsimonioso manto sabático que entreteje por estos pagos el viernes al mediodía.

domingo, 29 de abril de 2012

¿Yapa o "paquete"?


Israel cumplió 64



No sé si porque Israel es un país relativamente joven o por esa relación tan especial que hay aquí entre las esferas macro y micro, pero lo cierto es que Yom Haatzmaut (el Día de la Independencia) trae consigo año tras año una yapa o un "paquete", según la mirada de cada uno. 

Después de la tradicional y emotiva revisión del pesado precio que se pagó por el tan ansiado y apreciado estatus de estado independiente, los Medios comienzan a desplazarse hacia el plano individual. Periodistas, pensadores, y celebridades de todos los campos se adueñan de todo rincón mediático disponible (y hay mucho espacio para rellenar en las numerosas ediciones especiales de diarios y programas) para compartir su recorrido personal, en el mejor de los casos o asediarnos a preguntas del estilo: ¿qué camino recorrimos? ¿estamos satisfechos del grado de independencia logrado? ¿qué necesitamos cambiar para llegar al nivel que aspiramos?

Consecuentemente, ya sea por decisión propia o por la inevitable incidencia del fin de semana (largo) bajo la lupa de la autonomía, hoy retomamos la rutina algo más conscientes de dónde y cómo estamos, y fundamentalmente, por qué estamos en el lugar en donde estamos y qué precio pagamos por él. Parece un trabalenguas pero ojalá fuera solo eso...

sábado, 21 de abril de 2012

Israel: singularidades y contradicciones

Una pausa colectiva para recordar






Israel es sin duda un país muy especial colmado de idiosincrasia. A simple vista pareciera difícil delinear un escalafón imaginario con sus numerosas peculiaridades y contradicciones… Sin embargo, en esta época del año salta a la vista que una de sus principales singularidades es esa manera tan especial que tiene de recordar…

Creo que alguien que alguna vez presenció cómo el tráfico en una calle transitada se detiene al sonar la sirena en el Día de Recordación del Holocausto (el miércoles pasado) o en el Día de Recordación de los Caídos en las Guerras de Israel (el martes que viene) difícilmente olvidará tal escena: la mayoría de los conductores bajan de sus vehículos y se paran a su lado con la cabeza gacha.

La sensación es como si de pronto una voz interior lograse embestir el ritmo acelerado que nos domina y se cristalizase en esta sirena. Pero en realidad no es solo el minuto de silencio. Varios días antes los Medios empiezan a traer uno y otro relato conmovedor que van "preparando el terreno" y "recordándonos" que llegó el momento de recordar… (Muchos, demasiados, no necesitan que se lo recuerden).

Hasta aquí, una característica distintiva. La difícil situación (económica, social y demás) en la que se encuentran en la actualidad muchos de los pocos sobrevivientes del Holocausto refleja tan solo una de las muchas contradicciones.